En esos momentos de desesperacion hice cosas muy extrañas, deje de comer, me limitaba a picar de tanto en tanto, mi rostro mostraba tristeza y desilusion, mi corazón no latia, tenía frío a todas horas, cada día parecia nublado y aunque no lloviera salía de casa con el impermeable amarillo.
Una de mis ocurrencias más extrañas fue esta: me corte el pelo, muy, muy, muy corto, de manera que mi pelo que normalmente cubría mi rostro y le ocultava al mundo exterior mi tristeza hizo que de golpe esa sonrisa vacía saliera a la luz. Y todos aquellos que siempre habían pensado que mis ojos tan solo tenian una cortina para decorar se dieron cuenta que en ellos carecía algo, les faltaba brillo...
Entonces le conocí, él era el único que a pesar de ver en mi todo ese dolor decidio adentrarse en las profundidares de mi corazón. Me agarro bien fuerte para que el viento no se me llevara.
Fue entonces cuando empezamos a ir en bicicleta por la isla, a visitar el faro y a pasar las noches mirando las estrellas. Fue entonces cuando mi volvi a sentir mi música.
B.B.
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