Solía montar grandes naves espaciales en el salón de mi casa con sacos de dormir, sabanas viejas, palos de escoba, cuerdas… Y con Simon el osito explorador y una cazuela en la cabeza viajábamos por el universo para descubrir nuevos planetas, galaxias y en ocasiones salvar el mundo. Creo que así fue como empecé a apasionarme por la astronomía.
lunes, 26 de octubre de 2009
En mi cabeza aún queda el recuerdo de aquella mañana soleada de primavera, ibas vestida con tu vestido blanco, tu pelo dorado brillaba al sol, bailabas entre los girasoles y los acariciabas, como aún lo hace el viento.
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